Hay quienes duermen entre cuatro y seis horas por noche y no parecen sufrir efectos adversos. Resulta que su genética les permite necesitar menos horas de sueño que el resto de las personas.
Jenny Graves se ha pasado la vida mapeando genes y comparando genomas. Ahora ha creado una obra musical sobre la evolución de la vida en este planeta, con el mismo ímpetu y experimentalismo con que estudió los cromosomas de los marsupiales.
Investigadores están desarrollando interfaces cerebro-computadora que permitirían a personas con síndrome de enclaustramiento —y otras afecciones que les impiden hablar— comunicarse.
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