Desde recoger mocos de ballena hasta capturar comportamientos sorprendentes, los drones aéreos están proporcionando a los científicos una nueva visión de la vida en el mar.
Si se gestiona correctamente, la IA tiene el potencial de recuperar los puestos de trabajo de cualificación media que se perdieron con el auge de las computadoras, según sostienen los economistas. O, al igual que las fábricas mecanizadas del pasado, podría dejar sin trabajo a sectores enteros.
Los programas de aprendizaje automático que sustentan el reconocimiento de imágenes aún tienen puntos ciegos, pero ¿seguirán teniéndolos por mucho tiempo?
Insectos que fruncen sus alas; un protista con un cuello similar a un acordeón... El estudio de estos ingeniosos pliegues puede inspirar estructuras plegables para drones.
El despliegue de un variopinto grupo de robots que pueden rodar, caminar y volar es una estrategia inteligente para las operaciones de búsqueda y rescate —y también lo es confiar en que las máquinas tomen decisiones sobre el terreno—.
Investigadores están desarrollando interfaces cerebro-computadora que permitirían a personas con síndrome de enclaustramiento —y otras afecciones que les impiden hablar— comunicarse.
Un instrumento de última generación, a bordo de un rover marciano que aún no ha emprendido su viaje, puede ser la clave para responder la pregunta sobre la vida en el planeta rojo.
Los circuitos orgánicos flexibles que imitan a las células cerebrales biológicas podrían aumentar la velocidad de procesamiento y, algún día, quizás engancharse directamente a su cabeza.