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CRÉDITO: LASZLO / ADOBE STOCK

Una célula T (izquierda), programada con nuevos receptores, ataca a una célula B (derecha) en el tratamiento del cáncer y las enfermedades autoinmunes.

Un tratamiento revolucionario contra el cáncer podría transformar las enfermedades autoinmunes

Investigadores están probando la terapia con células CAR-T como una forma de restablecer el sistema inmunitario en el lupus, la enfermedad de Graves y otras afecciones en las que las defensas del organismo se descontrolan.


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A los 49 años, la esclerosis múltiple de Jan Janisch-Hanzlik estaba destruyendo su libertad para vivir la vida que deseaba. Dejó su trabajo activo como enfermera por un puesto de oficina. Las caídas frecuentes le hacían temer llevar en brazos a sus nietos. Tuvo que mudarse a una casa más grande para hacer sitio para la silla de ruedas que temía acabar necesitando a tiempo completo.

Ni siquiera la mejor medicación disponible mejoraba los síntomas de Janisch-Hanzlik, y le preocupaba que solo fueran a empeorar. Así que cuando se enteró de un ensayo de terapia con células CAR-T (terapia de linfocitos T con CAR llamada CAR-T, por sus siglas en inglés) en el Centro Médico de la Universidad de Nebraska en Omaha, cerca de la ciudad de Blair donde vive, llamó a la clínica cada dos meses hasta que estuvieron listos para inscribirla como la primera paciente.

Diseñada originalmente para atacar y eliminar el cáncer mediante la reprogramación de las células inmunitarias del paciente, la terapia CAR-T se ofrece ahora a pacientes en cientos de ensayos clínicos para enfermedades autoinmunes como la esclerosis múltiple, el lupus, la enfermedad de Graves, la vasculitis y muchas otras. La esperanza es que la terapia CAR-T pueda replicar el éxito que ha demostrado en diversos tipos de cánceres de la sangre, persiguiendo y eliminando las células que atacan al propio organismo en las enfermedades autoinmunes. Esto restablecería, en esencia, las defensas del cuerpo a un estado similar al que existía antes de que la enfermedad se afianzara.

Pero junto con las promesas de la terapia CAR-T surgen riesgos, interrogantes y retos. Existe incertidumbre sobre su eficacia en la autoinmunidad y la duración de los beneficios, así como sobre los posibles efectos secundarios a largo plazo. Janisch-Hanzlik era consciente de ello cuando se sometió al tratamiento experimental el 9 de junio de 2025; sentía una mezcla de esperanza y temor al saber que pasaría la semana siguiente bajo vigilancia para detectar efectos secundarios, incluida una inflamación peligrosa.

Una mujer en una cama de hospital recibe una infusión.

Jan Janisch-Hanzlik recibió una infusión de células CAR-T el 9 de junio de 2025 en el Centro Médico de la Universidad de Nebraska en Omaha.

CRÉDITO: NEBRASKA MEDICINE

Además de su experiencia clínica y su deseo de ser pionera en un nuevo tratamiento, los dos nietos pequeños de Janisch-Hanzlik la animaron a buscar un tratamiento con riesgos conocidos y beneficios inciertos. Dado que la esclerosis múltiple tiene un componente genético, Janisch-Hanzlik sabía que ellos tenían muchas posibilidades de pasar por la misma lucha que ella. “Me gustaría poder decir que hice todo lo que estaba en mi mano para evitar que ellos, o cualquier otra persona, tuvieran que pasar por algo así”, afirma.

Del cáncer a la autoinmunidad

El primer tratamiento contra el cáncer con CAR-T fue aprobado por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) en 2017 para una forma agresiva de leucemia. Desde entonces, este tratamiento potente e intensivo ha logrado la remisión a largo plazo en muchos pacientes con cáncer.

La premisa básica de CAR-T es activar el poder de unas células inmunitarias clave, llamadas células T. Las células T normalmente reconocen otras células que han sido infectadas por un virus o una bacteria, o que son anormales por cualquier otro motivo, y las destruyen o reclutan a otras partes del sistema inmunitario para que lo hagan.

En la terapia CAR-T contra el cáncer, los científicos modifican genéticamente esas células T para que busquen y destruyan específicamente las células malignas. Esta tecnología se inició cuando investigadores oncológicos descubrieron cómo extraer las propias células T del paciente, introducirles instrucciones de ADN para crear un “receptor de antígeno quimérico” (CAR) y volver a introducirlas en el torrente sanguíneo del paciente. El CAR, que se encuentra en la superficie de la célula T y se une a una molécula específica en la superficie de las células cancerosas, activa la célula T para que ataque.

Hoy en día, las células CAR-T se programan con mayor frecuencia para atacar a las células B, otro actor clave del sistema inmunitario. Las células B se encargan normalmente de producir anticuerpos, pero en ciertos tipos de cáncer de la sangre proliferan sin control. Al dotar a las células T de un CAR que reconoce una de las dos moléculas exclusivas de la superficie de las células B, las células se reprograman para localizar y eliminar esas células cancerosas.

Las células B también son el problema central en muchas enfermedades autoinmunes: producen por error anticuerpos contra tejidos normales en lugar de contra patógenos invasores. Así que, a medida que la terapia CAR-T comenzó a tener éxito contra los cánceres de células B, los médicos no tardaron en deducir que la terapia CAR-T también podría ser capaz de eliminar las células B anómalas en personas con enfermedades autoinmunes.

Un diagrama muestra el procedimiento de la terapia CAR-T, que comienza con la extracción de sangre del paciente, seguida de la reprogramación genética de los linfocitos T para convertirlos en células CAR-T, las cuales se cultivan y luego se reinyectan al paciente, donde se unen a los linfocitos B y los destruyen.

Existen muchas variantes de los procedimientos CAR-T, pero el proceso básico consiste en extraer, modificar y reinfundir las células T del paciente para que puedan atacar a su objetivo, que en el caso de las enfermedades autoinmunes son las células B.

Un equipo alemán fue pionero en la terapia CAR-T para enfermedades autoinmunes en una mujer con lupus, y comunicó resultados positivos en 2021. Desde entonces, ese equipo y otros han trabajado para trasladar el éxito oncológico de la terapia CAR-T al tratamiento de un amplio espectro de enfermedades autoinmunes.

“Creo que supone un cambio revolucionario”, afirma Amanda Piquet, neuróloga especializada en enfermedades autoinmunes de la Universidad de Colorado Anschutz en Aurora. Piquet está evaluando la terapia CAR-T para una enfermedad autoinmune rara y poco conocida llamada síndrome de la persona rígida, cuyos síntomas incluyen rigidez muscular y espasmos dolorosos. No existe ningún tratamiento aprobado por la FDA. Cuando se enteró de que una empresa llamada Kyverna estaba probando la terapia con células CAR-T para este síndrome, pensó que era “una oportunidad perfecta”.

El estudio que dirigió, cuyos resultados preliminares se publicaron en diciembre de 2025, probó una dosis única de CAR-T en 26 personas. Antes del tratamiento, muchos participantes tenían dificultades para caminar debido a una marcha lenta y mecánica, y 12 utilizaban dispositivos de asistencia como andaderas y bastones. La mayoría de los pacientes pudieron caminar más rápido a las 16 semanas tras el tratamiento, y ocho ya no necesitaron sus dispositivos de asistencia para recorrer distancias cortas. En abril, la empresa informó que los 26 pacientes, en su última cita de seguimiento entre cuatro y doce meses después de la terapia, ya no utilizaban ninguna otra inmunoterapia.

Riesgos e incertidumbres

A pesar de estos resultados tan llamativos, reprogramar el sistema inmunitario no es tarea fácil. En los primeros tratamientos de pacientes con cáncer, las células CAR-T produjeron efectos secundarios potencialmente mortales, tal y como se describe en un artículo de 2026 publicado en el Annual Review of Medicine. A medida que las células CAR-T atacan a sus objetivos, la inflamación asociada puede causar síntomas como fiebre alta y presión arterial baja. Si esa inflamación llega al cerebro, puede provocar problemas adicionales como confusión y somnolencia.

Afortunadamente, los médicos cuentan ahora con una década de experiencia en el reconocimiento y el tratamiento de estos problemas. “Sin duda son reversibles y, en la mayoría de los casos, no causan daños a largo plazo”, afirma Emily Littlejohn, reumatóloga de la Clínica Cleveland.

Los médicos y los pacientes también deben lidiar con la disminución de la inmunidad, tanto como efecto secundario del tratamiento como resultado deseado del mismo. En el tratamiento CAR-T, los médicos suelen utilizar potentes fármacos de quimioterapia para reducir temporalmente la población de células inmunitarias del organismo y dejar espacio para las nuevas células modificadas genéticamente, lo que deja a los pacientes temporalmente inmunodeprimidos. Y si el tratamiento funciona, diezmará las poblaciones de células B. Los pacientes pueden ser vulnerables a las infecciones hasta un año después del tratamiento, afirma Littlejohn.

“Me gustaría poder decir que hice todo lo que estaba en mi mano para evitar que ellos, o cualquier otra persona, tuvieran que pasar por algo así”.

— JAN JANISCH-HANZLIK

Estos efectos se pueden controlar con antibióticos preventivos, antivirales y vacunas. Los pacientes también conservan los anticuerpos que sus células B produjeron antes del tratamiento, lo que les proporciona una protección residual durante unos meses. Y por razones que aún no se comprenden del todo, la terapia CAR-T parece dejar intactas, en algunos casos, las células B más antiguas, que proporcionan la memoria inmunológica de infecciones pasadas. Un estudio descubrió que los pacientes con enfermedades autoinmunes tratados con CAR-T seguían produciendo anticuerpos contra enfermedades contra las que habían sido vacunados anteriormente, como la varicela y el sarampión. Estos son indicios de que el tratamiento no devolvió completamente el sistema inmunológico a su estado original.

A la hora de evaluar los riesgos de la terapia CAR-T, es importante tener en cuenta que muchos tratamientos existentes para las enfermedades autoinmunes también inhiben el sistema inmunitario mientras la persona los toma, señalan los expertos.

Pero existen otros posibles riesgos de la terapia CAR-T para los pacientes autoinmunes. En febrero, funcionarios de la FDA publicaron un artículo en el que respaldaban el potencial de la terapia CAR-T en la autoinmunidad, pero advertían de una “toxicidad a largo plazo impredecible”. El tratamiento con CAR-T para el cáncer, señalaron los autores, se ha relacionado con diversos problemas a largo plazo, como la enfermedad de Parkinson. También ha habido casos en los que las propias células modificadas genéticamente se volvieron malignas, provocando nuevos cánceres basados en células T.

Provocar un cáncer secundario puede ser un riesgo aceptable al tratar un cáncer que pone en peligro la vida, pero probablemente no lo sea para la autoinmunidad, afirma Matt Lunning, director médico de terapia génica y celular en Nebraska Medicine, en Omaha. Cómo equilibrar el riesgo entre los efectos de una enfermedad autoinmune, cuya gravedad puede variar ampliamente, y el riesgo difícil de cuantificar de futuros efectos secundarios o cánceres sigue siendo una importante cuestión pendiente.

Los investigadores ya están trabajando en versiones de segunda y tercera generación de CAR-T que esperan que sean más seguras tanto para el cáncer como para la autoinmunidad. Por ejemplo, James Howard, neurólogo especializado en enfermedades neuromusculares de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, está probando una tecnología de una empresa llamada Cartesian Therapeutics que codifica el CAR utilizando moléculas de ARNm, el mensajero genético de vida corta utilizado en las vacunas contra la COVID-19, en lugar de ADN de larga duración. Las células CAR-T deberían eliminar las células B solo mientras persista el ARNm, para luego perder su capacidad de atacar a las células B. Al no haber posibilidad de que las células T modificadas genéticamente permanezcan a largo plazo, no debería haber riesgo de cáncer.

Otra ventaja del enfoque de Cartesian: los médicos infunden estas células T en cantidades suficientes para que no necesiten reproducirse en el cuerpo del paciente, lo que, según Howard, reduce el riesgo de inflamación. En un ensayo reciente, 15 personas con enfermedades autoinmunes recibieron el tratamiento CAR-T de Cartesian; dos tercios vieron mejoras en sus síntomas y ninguna sufrió efectos secundarios graves a largo plazo.

Un gráfico muestra que los síntomas disminuyen en las personas que recibieron un tratamiento CAR-T para la autoinmunidad, pero no en aquellas que recibieron placebo.

En la miastenia gravis, las células B atacan las uniones entre los nervios y los músculos. Los síntomas van desde leves, como un párpado caído, hasta lo suficientemente graves como para requerir un respirador para respirar. En un ensayo, 11 pacientes recibieron un tratamiento con placebo y 15 recibieron una terapia CAR-T llamada Descartes-08, de Cartesian Therapeutics. El ensayo hizo un seguimiento de la evolución utilizando un indicador de síntomas estándar, la puntuación de la Escala de Actividades de la Vida Diaria en la Miastenia Gravis (MG-ADL), que abarca actividades como hablar, respirar y mantenerse de pie; una puntuación más alta significa síntomas más graves. Con el tratamiento, las puntuaciones disminuyeron, lo que significa que las personas eran más capaces de realizar sus actividades diarias.

CRÉDITO: T. VU ET AL / NATURE MEDICINE 2026

El impacto del costo del tratamiento CAR-T

Más allá de los efectos secundarios, el otro gran reto al que se enfrenta la terapia CAR-T es su costo, que alcanza cientos de miles de dólares, incluyendo la estancia hospitalaria, la ingeniería celular y otros gastos.

El tratamiento probablemente sería más barato y sencillo si los científicos pudieran eliminar la necesidad de la ingeniería personalizada de las propias células de cada paciente y utilizar en su lugar células de donantes, o si pudieran suprimir el paso de la ingeniería y el cultivo de las células en un laboratorio. Lunning afirma que está estudiando procedimientos prometedores que modificarían las células T de una persona dentro de su propio cuerpo en lugar de realizar la ingeniería genética en un laboratorio.

Los investigadores han avanzado aún más con una versión de CAR-T que utiliza donantes sanos como fuente de células T. Estas podrían utilizarse entonces en muchos pacientes mediante un enfoque “listo para usar”. Se trata de un método que presenta sus propios retos, debido a la incompatibilidad inmunitaria entre las células del donante y las del paciente, que las llevaría a atacarse entre sí. Este problema puede superarse con modificaciones genéticas adicionales en las células T donadas que impidan que los sistemas del receptor y del donante se reconozcan mutuamente como extraños, afirma Bing Du, inmunólogo de la Universidad Normal del Este de China en Shanghái, que se encuentra entre los muchos investigadores que trabajan en este enfoque. Du estima que un laboratorio podría fabricar células CAR-T para más de 1.000 pacientes a partir de las células sanguíneas de un solo donante, con un ahorro significativo de costos.

Este tipo de terapia CAR-T “lista para usar” es la que recibió Janisch-Hanzlik, de Nebraska, bajo la supervisión de Lunning, en 2025. Los organizadores del estudio en TG Therapeutics esperan completar su investigación a principios de 2029.

Janisch-Hanzlik superó el seguimiento sin sufrir efectos secundarios. Un par de meses después de la infusión estaba viendo la televisión cuando se dio cuenta de que ya no necesitaba anteojos especiales para corregir la visión doble. Empezó a dejar de llevar el bastón cuando se movía por casa o iba a hacer la compra; ya no lo necesitaba. Ahora, casi un año después del tratamiento, rara vez se cae y ya no necesita una siesta diaria de tres horas. Recientemente disfrutó de un viaje al Gran Cañón y espera poder pasar más tiempo con sus nietos.

Todavía tiene síntomas, como debilidad en la pierna derecha, entumecimiento y hormigueo en los pies y dificultad para encontrar la palabra adecuada al hablar. Pregunta a sus médicos si creen que va a mejorar, que se mantendrá igual o que volverá a empeorar.

“Me han dicho tantas veces: ‘No lo sabemos, usted es la primera. Solo tendremos que esperar y ver qué pasa’”, afirma. “Sin duda, estoy agradecida por cada día que tengo”.

Artículo traducido por Debbie Ponchner

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