Investigadores están probando la terapia con células CAR-T como una forma de restablecer el sistema inmunitario en el lupus, la enfermedad de Graves y otras afecciones en las que las defensas del organismo se descontrolan.
Cada vez hay más pruebas, procedentes de estudios con roedores, de que el esperma lleva marcas de las experiencias vitales del padre, lo que influye en los rasgos de la descendencia. Fragmentos de ARN podrían ser los responsables de estos efectos epigenéticos.
Los ARN no codificantes, que antes se consideraban “basura celular”, están emergiendo como elementos clave en todo, desde el desarrollo del cerebro hasta el cáncer —y aún queda mucho por descubrir—.
Formado por matorrales de glucosa, galactosa, manosa y otros compuestos, el glicoma desempeña un papel clave en la comunicación celular, la inmunidad y la barrera hematoencefálica.
Mejores resultados podrían obtenerse con nuevos fármacos, estrategias para estimular el sistema inmunitario y aprendiendo a identificar la enfermedad en una fase más temprana.
La evidencia aún no es clara, pero investigadores están descubriendo muchas cosas al modificar genéticamente el número de estas aberturas, así como al simular atmósferas futuras y mucho más.
En un año marcado por el caos en el financiamiento de la ciencia, el cambio climático y los peligros de la contaminación, también fuimos testigos del telescopio más potente hasta la fecha, la terapia génica personalizada y el mejor avance hasta la fecha en la búsqueda de una vacuna contra el VIH —sin dejar de lado un nuevo color—.
Las personas infectadas por el VIH deben tomar medicamentos antirretrovirales de por vida. Sin embargo, prometedores ensayos con anticuerpos modificados genéticamente sugieren que las “curas funcionales” podrían estar a nuestro alcance.
Arabidopsis thaliana nunca fue una candidata probable para ser el centro de atención. Pero hace 25 años, la diminuta planta lanzó al mundo botánico a la era molecular.
Las técnicas avanzadas de microscopía óptica han alcanzado su madurez; y están proporcionando a los científicos una nueva comprensión de la biología humana y de lo que falla cuando enfermamos.
La infusión de estas diminutas estructuras con forma de salchicha ayuda a rejuvenecer los tejidos privados de sangre. Los investigadores esperan que esta técnica pueda tratar diversos órganos dañados.
Nuestros genomas están salpicados de segmentos de ADN llamados retrotransposones que pueden desplazarse de un lugar a otro. Cuando se liberan, algunos pueden matar nervios y promover la inflamación —un descubrimiento que podría inspirar tratamientos contra la neurodegeneración—.
Algunos científicos proponen que, al principio, la geoquímica dio paso a la bioquímica, sin necesidad de material genético. Fue solo más tarde cuando aparecieron el ARN y el ADN.
Su cuerpo es una colección de células con miles de errores genéticos acumulados a lo largo de la vida —muchos inofensivos, otros dañinos y al menos unos pocos que pueden ser beneficiosos—.
Una clase de fármacos ya ha tenido éxito en el tratamiento de estos dolorosos, desorientadores y comunes ataques. Crece el entusiasmo por una serie de nuevas dianas farmacológicas.
Para comprender los orígenes de la vida pluricelular, un grupo de investigadores estudia una variopinta variedad de parientes animales más simples. Los puntos en común que están descubriendo ofrecen un tesoro de pistas sobre nuestro pasado común.
Algunas se desvanecen en calma. Otras mueren de forma menos bonitas en accidentes extraños o invasiones mortales, o después de una exhibición ostentosa.
Algunas personas de ascendencia africana occidental corren un mayor riesgo de insuficiencia renal. Nuevos fármacos basados en la investigación genética podrían ayudar a enderezar el rumbo, si estos llegan a todos los que los necesitan.
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