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CRÉDITO: KNOWABLE MAGAZINE

En una encuesta realizada en 2024 a más de 1.000 adultos estadounidenses, un tercio afirmó estar distanciado de un familiar directo.

El preocupante aumento del distanciamiento familiar

A medida que más adultos cortan el contacto con sus padres, un investigador pide un análisis más detallado de las causas y los efectos, y sugiere vías para la reconciliación.


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Hijos adultos enfrentados con sus padres, hermanos contra hermanos: romper relaciones con familiares parece ser cada vez más habitual.

En una encuesta de YouGov realizada a 4.395 adultos estadounidenses, casi 4 de cada 10 encuestados afirmaron que “ya no mantienen relación” con uno o más miembros de su familia inmediata. Un episodio del podcast de Oprah sobre la “cultura del distanciamiento” acercó el tema a millones de oyentes.

Si bien las encuestas, las redes sociales y las noticias sobre rupturas de famosos de alto perfil ponen de relieve la prevalencia y el dolor de las rupturas familiares, la atención creciente, aunque aún limitada, de los investigadores aún no ha cuantificado cuánto se han multiplicado. Sin embargo, hay muchos factores potenciales que influyen en las tasas de divorcio actuales, la polarización política, el individualismo creciente, la dependencia hacia los terapeutas y los memes de las redes sociales sobre relaciones tóxicas, afirma Joshua Coleman, autor, investigador y psicólogo con consulta privada en el área de la Bahía de San Francisco.

Todo ello llega en un momento en el que cada vez más estadounidenses dan prioridad a la salud mental, y en el que la internet ayuda a las personas a encontrar vínculos fuera de la familia, añade.

“Del mismo modo que el divorcio ha dejado de ser estigmatizado, el distanciamiento también ha dejado de serlo”, sostiene Coleman. “Existe un contagio social, especialmente en plataformas como Instagram y TikTok, que caracteriza este acto de romper los lazos como una forma de afirmar la propia identidad y proteger la salud mental”.

Coleman, que ha escrito dos libros sobre el distanciamiento y ha colaborado en dos encuestas nacionales sobre el tema, incluida una encuesta de Harris Poll de 2024, se ha convertido en una autoridad destacada en una tendencia que puede provocar tanta vergüenza y malestar que a los investigadores a menudo les cuesta conseguir que la gente hable de ello.

La siguiente conversación ha sido editada para lograr mayor claridad.

Usted ha descrito el distanciamiento familiar en Estados Unidos como una epidemia, y está claro que no cree que eso sea algo positivo. ¿Por qué?

Fractura una sociedad ya de por sí fracturada. Nos volvemos más tribales y más aislados. La familia es un lugar tan importante para la identidad, la autoestima y la salud mental que ponerla en la tabla de cortar es un error. Este alto nivel de distanciamientos deja a las personas mayores sin cuidadores y a los jóvenes sin recursos. Estamos dejando que el Estado ocupe el espacio en el que antes los miembros de la familia se ayudaban entre sí, incluso cuando el Estado hace un trabajo francamente pésimo en eso.

¿Qué está causando todas estas rupturas?

Depende de a quién le preguntes. Si miras las encuestas a hijos adultos, dirán que la razón principal es el abuso emocional y quizá las diferencias de valores, mientras que los padres tienden más a culpar a su divorcio, al matrimonio de su hijo o a la terapia de su hijo. Los investigadores han encontrado diferencias radicales en estas distintas perspectivas.

Sabemos que el divorcio de los padres se asocia con un alto riesgo de distanciamiento. Cuando encuesté a más de 1.600 padres distanciados en 2020, descubrí que alrededor del 70 % de ellos se distanciaron de un hijo tras divorciarse del otro progenitor biológico. Es una cifra realmente alta, pero quizá no sorprendente. El divorcio puede reestructurar radicalmente los lazos familiares y las percepciones. Un hijo que durante mucho tiempo consideró a la familia como una unidad única puede ahora verla como una afiliación laxa de individuos. Y, por supuesto, cuando el divorcio es conflictivo, los niños pueden sentir que tienen que ponerse del lado de uno de los padres en contra del otro. El nuevo matrimonio también supone un riesgo, porque el hijo adulto puede sentirse desplazado por los nuevos hermanos o hermanastros, o puede que no le guste la nueva esposa o el nuevo esposo.

El matrimonio de un hijo adulto también puede ser un punto álgido. En 2019, colaboré con investigadores en una encuesta a 1.035 madres que estaban distanciadas de al menos un hijo. Las madres fueron seleccionadas de una lista de debate por correo electrónico de personas que buscaban apoyo y ayuda con su distanciamiento, por lo que se trataba de una muestra selectiva. La mayoría culpaba a factores externos —es decir, no a sus propias acciones— de la ruptura. El 78 % afirmó que el distanciamiento se produjo después de que el hijo se casara o empezara una relación con una pareja.

Esto es algo que veo mucho en mi consulta, donde una nuera o un yerno parecen provocar una ruptura. Yo lo llamo “el culto a uno”, donde la nueva pareja se convierte en el único intérprete del pasado y el presente de su cónyuge. De repente, el hijo adulto llega a creer que ha tenido una larga historia de problemas con el progenitor.

Otro factor importante hoy en día es la política. En la encuesta de Harris, el 42 % afirmó que la política era el principal factor que separaba a los miembros de la familia.

Son los hijos quienes suelen iniciar estos distanciamientos, ¿verdad?

Es cierto. No disponemos de estudios sólidos sobre los padres, pero sabemos que son una minoría y que, por lo general, se debe a motivos religiosos o a que desaprueban la identidad de género del hijo o, tal vez, a la persona con la que se ha casado, o sus valores.

¿Por qué cree que los padres son mucho menos propensos a romper el contacto con sus hijos que los hijos con sus padres?

Los sociólogos utilizan la expresión “la apuesta intergeneracional” para transmitir la idea de que, cuando crías a tus hijos, realizas una gran inversión, en parte con el fin de perpetuar tu línea genética. Eso puede llevar a los padres a dar por sentado que, cuando crían a sus hijos, mantendrán una relación cercana con ellos durante toda su vida. Sin embargo, es obvio que no es así para la mayoría de los hijos. Esto puede ayudar a explicar por qué un estudio clásico de 1999 reveló que los padres de hijos jóvenes adultos declaraban tener relaciones más cercanas y menos problemas de lo que percibían los propios hijos.

Lo que suelo decirles a los padres es que, cuando tenemos hijos y nietos adultos, ellos ocupan un lugar central en nuestros pensamientos, mientras que para los hijos adultos no es así. No esperaría que mis hijos adultos pensaran en mí con la misma frecuencia con la que yo pienso en ellos. Existe una gran asimetría en cuanto a la dedicación.

Parece que siente mucha empatía por los padres en esta situación, pero ¿quizás menos por los hijos adultos?

Los impactos son simplemente muy desiguales. Para el hijo adulto puede haber grandes ventajas. Sin duda, algunos padres son personas imposibles y destructivas debido a enfermedades mentales, adicciones o sus propios traumas no superados. Los investigadores que entrevistan a hijos adultos relatan muchas historias de maltrato, incluyendo abuso, traición y una crianza deficiente en general. Y, en general, el hijo adulto puede sentir la ventaja de: “Ahora me estoy protegiendo a mí mismo. Estoy dando prioridad a mi salud mental, a mi matrimonio o a mi identidad”. Todo esto está ligado a esos ideales individualistas tan occidentales en torno a la autonomía y la capacidad de actuar, y es evidente que eso tiene su valor.

Pero para los padres no hay nada de eso. Para los padres, hay tanta vergüenza, pérdida, dolor, angustia y aislamiento social. Incluso en los casos en que el hijo es abusivo, hay mucho sufrimiento y vergüenza. Los padres pueden sentir cierto alivio si el hijo no está en contacto porque no tienen que preocuparse de que les robe o los maltrate, pero siguen cargando con una enorme preocupación.

No creo que la cultura haya asumido aún hasta qué punto estamos culpando erróneamente a los padres. Seguimos en una época en la que la gente da por sentado que, si tienes problemas en la edad adulta, es en gran parte culpa de tus padres.

¿Soy entonces más comprensivo con la difícil situación de los padres? Si tengo a ambas personas en terapia, soy igualmente sensible porque sé que el hijo adulto está luchando con algo profundo y merece empatía, o no habría cortado el contacto con el padre en primer lugar. Así que, en ese entorno terapéutico, si acaso, me comprometo más con el hijo adulto porque sé que, a menos que se sienta comprendido por el padre, es mucho menos probable que quiera reconciliarse.

En un estudio australiano, de 25 hijos adultos que iniciaron o mantuvieron el distanciamiento de uno o ambos padres, los entrevistados describieron la ruptura como la “única vía hacia el crecimiento personal, la sanación y la felicidad”. ¿Cuántos hijos adultos distanciados llegan a ese punto?

Muchos de los hijos afirman sentirse menos estresados, pero si su salud mental concreta ha mejorado es una pregunta aún sin contestar. Sí, están evitando el conflicto y pueden sentir alivio y resolución, pero esto viene acompañado de un cierto grado de vergüenza, pérdida y culpa, y de una gran ambivalencia incómoda que incluye, a menudo, la pérdida de apoyo económico, la desconexión de la historia familiar y el contacto con otros parientes.

Usted ha escrito sobre su propia experiencia con el distanciamiento...

Mi hija era una niña pequeña cuando me divorcié de su madre, pero no me habló durante varios años cuando tenía poco más de veinte, en parte porque sentía que yo había priorizado mi segundo matrimonio por encima de ella. Fue, sin lugar a dudas, el peor y más doloroso desafío al que me he enfrentado jamás.

Una cosa que he observado y que parece molestarle especialmente es el papel de los terapeutas, en los casos en que pueden estar animando a los hijos adultos a cortar el contacto con uno de los padres.

Los terapeutas pueden causar mucho daño. Podemos animar a un progenitor a excluir a un hijo del testamento sin que ese progenitor considere cuánto puede haber contribuido él o ella al conflicto con ese hijo. O podemos ponernos del lado de un hijo adulto que quiere romper la relación con un progenitor sin ser sensibles a las repercusiones que esto tendrá para ese cliente, para el progenitor y, posiblemente, para los nietos.

No creo que haya estudios sobre este tema, pero sí creo que los terapeutas son un factor importante en el distanciamiento, y me gustaría que mi profesión fuera mucho más estricta a la hora de diagnosticar a personas que no están presentes en la consulta.

Cuando diagnosticamos a alguien que no conocemos, despersonalizamos a esa persona. Cuando la calificamos de emocionalmente inmadura, narcisista, borderline, manipuladora o transgresora de límites, la hacemos parecer irremediable y disminuimos la posibilidad de que el hijo adulto quiera trabajar en la relación. Más de un hijo adulto me ha dicho, con tono esperanzado: “¿Cree que mi madre es narcisista?”. Quieren oír que , porque eso les ayuda a no sentirse culpables por mantener la distancia que desean o necesitan.

Las encuestas muestran que los hermanos son los que más probabilidades tienen de distanciarse, ¿por qué es así?

No es que sean los que corren mayor riesgo, sino que, estadísticamente, son más numerosos.

En cuanto a las causas, puede deberse a una larga historia sin resolver de rivalidad entre hermanos: la idea de que un hermano recibió un trato preferencial, aunque objetivamente no fuera así.

Un historial de maltrato entre hermanos sin duda puede ser un factor. Pero también podría ser que la vida de uno de los hermanos simplemente haya salido mejor, mientras que al otro no le ha ido tan bien.

No creo que los estudios realizados hasta ahora hayan analizado si uno de los hijos era más vulnerable a las enfermedades mentales desde el principio, lo que podría haberle llevado a ver el mundo de una forma mucho más negativa y haber aumentado así la probabilidad de un posterior distanciamiento.

¿Es habitual que se reparen estos distanciamientos?

La investigación de la socióloga Rin Reczek, de la Universidad Estatal de Ohio, ha revelado que el 81 % de las madres y el 69 % de los padres acaban reconciliándose con su hijo. A mí me parece una cifra elevada, pero si es así, resulta tranquilizador. No creo que sea inusual que las personas distanciadas retomen la relación, aunque sea temporalmente.

¿Qué podría ayudar a aumentar las posibilidades de reconciliación?

Una de las formas en que pienso sobre esto es que una relación estrecha entre padres e hijos es un logro psicológico para ambas partes.

Como cultura, hemos experimentado un cambio importante en las últimas décadas. Las familias se han vuelto mucho más igualitarias. Se anima a los hijos a ser más autónomos en lugar de simplemente obedientes. Las familias también se han vuelto más unidas; una investigación de Pew ha revelado que la mayoría de los padres dicen que sus hijos jóvenes adultos los conocen bien, están en contacto más estrecho con ellos y dependen de ellos, lo cual supone un cambio respecto a generaciones anteriores.

En este contexto, se necesita una cierta dosis de salud psicológica, inteligencia emocional y capacidad de autorreflexión y empatía para ser un hijo adulto y no sentirse tan enredado con tus padres, dependiente de ellos o tan reactivo ante ellos que te sientas devastado si dicen algo repugnante.

También se necesita una gran salud psicológica por parte de los padres para ver a su hijo como alguien con su propia vida y necesidades, y no sentirse abatidos por el hecho de que él tenga voz y voto sobre quiénes fueron ustedes como padres y quiénes son como personas. Para muchos padres, todavía es algo nuevo no poder simplemente insistir en una relación, o hacer que su hijo se sienta culpable, o recordarle que justo el año anterior le había enviado una tarjeta diciendo: “Eres la mejor madre del mundo”.

Por eso, no es de extrañar que tantos padres se sientan perdidos. Su hijo dice: “Me maltrataste emocionalmente”. Y ellos responden: “Jamás lo hice”.

¿Qué sabemos sobre los comportamientos más prometedores para un padre que quiere “reconciliarse”?

En mis encuestas, he encontrado sin duda grandes beneficios para los padres que escriben una carta de disculpa, en la que reconocen los sentimientos de su hijo adulto y asumen la responsabilidad por el daño que puedan haber causado. Esto requiere que reconozcan honestamente lo que hicieron o dejaron de hacer que resultó hiriente, y que estén dispuestos a escuchar lo que el hijo tiene que decir e intentar modificar su comportamiento. He descubierto que este es el mayor indicador de quienes finalmente se reconcilian.

Por cierto, ¿por qué las estadísticas sobre este tema son tan variadas? Veo cifras que oscilan entre el 15 % y el 38 % en referencia a las personas que experimentan un distanciamiento.

La gente lo define de manera diferente. La psicóloga del desarrollo Lucy Blake, una de las principales expertas en este campo, señaló este problema en su revisión de 2017 como uno de los motivos por los que resulta tan difícil hablar de ello. Cuando se estudia el distanciamiento, ¿se incluye solo a la familia nuclear o se amplía a parientes más lejanos?

Karl Pillemer, de la Universidad de Cornell, publicó en 2020 un estudio en el que se revelaba que el 27 % de los estadounidenses mayores de 18 años había cortado el contacto con algún familiar, aunque en este porcentaje se incluían tías, tíos, abuelos, sobrinas y sobrinos. En la encuesta de Harris Poll que realizamos en 2024, el 35 % de los 1.068 adultos estadounidenses encuestados afirmaron estar distanciados de un familiar directo, como un padre o un hermano.

Luego está la cuestión de si se incluyen las relaciones que se han deteriorado significativamente o si se limita a la ruptura del contacto. Kristina Scharp, investigadora especializada en comunicación, ha descrito el distanciamiento como algo que existe a lo largo de un continuo, con componentes fluctuantes que podrían incluir la calidad y la cantidad de la comunicación, la distancia física, la presencia o ausencia de emoción e incluso la interposición de acciones legales.

Yo definiría el distanciamiento como una ruptura bastante formal que afecta a miembros de la familia inmediata. Si se trata de un hijo adulto, tal vez envíe una tarjeta de cumpleaños una vez al año. Pero, por lo demás, prácticamente no hay contacto.

¿Qué cuestiones importantes le gustaría que los investigadores exploraran sobre este tema?

Se me ocurren algunas. ¿Tienen los padres adoptivos más riesgo de sufrir un distanciamiento posterior? Creo que sí, pero no creo que haya ninguna investigación al respecto todavía.

Otra es si la muerte de un progenitor o de un hermano aumenta el riesgo de distanciamiento. Sería muy útil que se investigara más sobre eso.

Cuanto más sepamos sobre las causas y los efectos de los distanciamientos, más podremos ayudar y empatizar con las personas involucradas. También me gustaría que se comprendieran mejor los efectos a largo plazo del distanciamiento de los abuelos. Normalmente, si el hijo adulto corta el contacto con el padre, también le niega el acceso a los nietos. ¿Es eso un acontecimiento traumático en la vida del nieto? Yo diría que sí, pero realmente no hay ninguna investigación al respecto.

Si el distanciamiento es tan común como sugieren estas encuestas, y tan negativo como usted sugiere, ¿qué cambiaría en los sistemas que afectan a las familias, como las escuelas, la atención sanitaria y los tribunales de familia?

Me gustaría que las personas que van a divorciarse recibieran mucho más asesoramiento sobre cómo proteger a sus hijos de una posterior alienación, porque el divorcio es una vía muy común.

Pero creo que el mayor problema es, en realidad, el individualismo al estilo estadounidense y la obsesión por el yo, el crecimiento personal y la felicidad personal.

Los sociólogos han documentado la relación entre el declive de la cohesión social y la disminución del sentimiento de comunidad a partir de la Generación X, lo que, en mi opinión, incluye una reducción de los niveles de sentido del deber hacia la familia.

Estados Unidos tiene el grado de individualismo más alto, o muy cercano al más alto, entre los países occidentales. A esto hay que añadir todos esos amplificadores que son las redes sociales, y la forma en que el distanciamiento se ha convertido en algo de moda. Entonces, ¿qué haces en torno a eso?

¿Ve alguna esperanza de que las cosas mejoren, de que, como sociedad, mejoremos a la hora de fortalecer y mantener estos frágiles lazos familiares?

Sí. Estoy pensando en escribir algo sobre esto, porque creo que nos encontramos en un punto de inflexión. Los padres que se distancian hoy en día son realmente la primera generación que ha tenido que hacer este tipo de trabajo emocional, ser tan reflexivos y revisar su propia infancia e historia. Mi generación no hacía que nuestros padres hicieran eso. O, mejor dicho, una vez les pedí a mis padres que hicieran algo así, y se pusieron completamente a la defensiva, así que desistí.

Creo que las generaciones más jóvenes tienen más conocimientos psicológicos y quizá sean capaces de comunicarse con sus propios hijos de la forma que el hijo adulto necesita, algo que sus padres no pudieron hacer. Así que sí preveo una disminución. Aun así, creo que siempre habrá distanciamientos por otras razones, como un yerno o una nuera problemáticos, o una enfermedad mental por parte del padre o del hijo adulto, o malos terapeutas, o todas las razones que hemos comentado.

Pero tengo fe en que los padres pueden empezar a responder de forma más productiva. Recibo cartas todos los días que dicen: “Ay, si hubiera leído tu libro antes...”, y no es porque haya nada secreto en mi libro, salvo decir que hay que ser empático, asumir la responsabilidad y no defenderse.

Las generaciones más jóvenes pueden sentir que pueden controlar esto y ser mejores padres, y que sus hijos nunca harían lo que ellos hicieron a sus propios padres. Y pueden llevarse una gran sorpresa al darse cuenta de que el hecho de tener esas habilidades no te protege de todas las demás formas en las que puedes acabar distanciándote.

Artículo traducido por Debbie Ponchner

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