Los lucrativos concursos de canto de aves que están llevando a las especies al borde de la extinción
Cada año, millones de pájaros cantores del sudeste asiático son capturados y traficados para ser mantenidos como mascotas o para participar en concursos. Los científicos advierten de que esto está agravando una crisis.
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Una tarde de domingo de abril, la terminal principal de minibuses de Sukabumi, en Indonesia, parecía tranquila desde fuera. Pero en un espacio abierto situado en la parte trasera se habían reunido cientos de hombres. Entre charlas y humo de cigarrillos, el ambiente bullía de emoción, pues estaba a punto de comenzar uno de los mayores concursos de canto de pájaros de la región, y entre los premios se encontraba una moto.
A medida que avanzaba el día, se fueron sacando docenas de pájaros cantores para sus rondas de 10 minutos, desde diminutos suimangas y bulbules de mejillas grises hasta especies más grandes como los shamas orientales y los zorzales citrinos. Entonces, el presentador anunció el evento principal —el concurso de canto entre los muy populares y llamativamente hermosos shamas culiblancos— y se hizo el silencio entre la multitud.
Los propietarios de los shamas murmuraron unas últimas palabras de ánimo y se alejaron de sus jaulas. Los jueces entraron con sus portapapeles, evaluando a cada pájaro por su canto, su capacidad para mantener una melodía constante, el volumen y su presencia escénica. Pronto quedaron solo dos pájaros en la final… y entonces “Baby White” fue coronado ganador entre los vítores de la multitud.

Desde los años setenta, los concursos de pájaros cantores han ganado popularidad en toda Indonesia. Con premios como cabras, motocicletas, relojes y dinero (a veces por un valor equivalente a hasta 10 años de salario), estos eventos están animando a multitudes de personas a tener pájaros cantores como mascotas.
CRÉDITO: SANDY ONG
Los indonesios tienen una larga tradición de criar aves como mascotas, y los pájaros cantores son especialmente populares, apreciados por los coleccionistas por su canto melodioso y su plumaje colorido. “Crio pájaros cantores como afición, para aliviar el estrés y también para ganar un poco de dinero”, explicó Harry Gunawan, un empresario de 78 años y propietario de 39 shamas, entre ellos el múltiple ganador de premios “Baby White”, mientras esperaba su nueva moto.
Los shamas de Gunawan forman parte de los entre 66 y 84 millones de aves enjauladas que se crían en Java, la isla donde vive el 56 % de la población de Indonesia y donde uno de cada tres hogares tiene aves. Entre ellas hay más de 3 millones de shamas culiblancos y 2 millones de shamas orientales. Se cree que las aves silvestres cantan mejor; por ello, muchas son capturadas en los bosques y luego hacinadas en jaulas diminutas, tuberías de desagüe e incluso botellas de plástico, con destino a los mercados de mascotas de Yakarta, Surabaya y otras grandes ciudades. Las aves que sobreviven el viaje —las estimaciones de las tasas de mortalidad oscilan entre el 30 % y el 80 %— pasarán el resto de sus vidas confinadas en jaulas.
Esta afición por la cría de aves, unida a la creciente popularidad de los concursos de canto, ya ha llevado a algunas especies a la extinción y muchas otras —también amenazadas por la pérdida de hábitat— se encuentran al borde de la extinción, un fenómeno denominado “la crisis de las aves cantoras asiáticas”.
“El bosque silencioso es una realidad”, afirma Agung Nur Haq, responsable de conservación en el Centro de Rescate y Rehabilitación de Aves Cantoras de Wak Gatak, cerca de Pontianak, en Kalimantan Occidental.
Los expertos advierten de que hay que actuar con rapidez, o las consecuencias podrían ser nefastas e irreversibles. Si no se hace nada y las poblaciones no logran recuperarse, afirma Alexander Lees, biólogo conservacionista de la Universidad Metropolitana de Mánchester, Reino Unido, podríamos sufrir el “síndrome del bosque vacío”, en el que los bosques parecen intactos y frondosos, pero están desprovistos de animales.
Aves en demanda
El comercio ilegal de aves prospera en otros lugares del sudeste asiático, como Vietnam, Tailandia, Malasia y Singapur. Pero “el comercio de aves cantoras en Indonesia es uno de los más prolíficos del mundo”, afirma Chris Shepherd, experto en comercio de fauna silvestre del Centro para la Diversidad Biológica de Canadá. “Es aterrador”.
Este país, rico en biodiversidad, alberga unas 1.800 especies de aves —más del doble que en Estados Unidos—. De ellas, una de cada cinco ha sido avistada en mercados de mascotas, incluidas especies protegidas, en peligro de extinción y endémicas (que no se encuentran en ningún otro lugar). Entre ellas se encuentran el miná alinegro y la urraca colicorte, ambas en peligro de extinción, de las que quedan menos de 250 y 100 ejemplares en estado silvestre, respectivamente.
Las estimaciones sugieren que hasta el 30 % de la población de Indonesia, unos 90 millones de personas, tiene entre 164 y 187 millones de pájaros cantores silvestres capturados.
“Puede que haya más aves enjauladas que en libertad”, escribió Lees en un artículo sobre la crisis de las aves cantoras publicado en Current Biology.

Pájaros cantores a la venta en una tienda de mascotas de la ciudad de Pontianak, en la provincia indonesia de Kalimantan Occidental. Muchas de las aves que se venden en el floreciente comercio del país son capturadas en los bosques y transportadas a lo largo de grandes distancias en condiciones de oscuridad y hacinamiento, hasta acabar en tiendas como esta en las grandes ciudades. Hasta el 80 % de las aves mueren durante el transporte, y es probable que las que sobreviven pasen el resto de sus vidas en jaulas.
CRÉDITO: SANDY ONG
La afición de los indonesios por las aves enjauladas tiene su origen en una creencia centenaria entre los javaneses —el grupo étnico más numeroso del país— según la cual se considera que un hombre ha alcanzado el éxito si posee cinco elementos: una esposa, una casa, un vehículo, una daga ceremonial y un pájaro. El pájaro simboliza que está en contacto con su lado más sensible y que puede disfrutar tanto del trabajo como del ocio. En un estudio de 2025, investigadores descubrieron que la capacidad de canto de un pájaro era el principal factor que impulsaba la demanda —luego en la lista, la gente prefería aves raras, endémicas o inusuales que hicieran alarde de su estatus—.
Los concursos de canto surgieron en los años setenta como otra razón para tener pájaros cantores. Estos eventos locales o regionales suelen celebrarse mensualmente o semanalmente, y en ellos participan hasta 1.000 aves.
“Los propietarios se van a casa, como mínimo, con un gran prestigio, pero más a menudo con mucho dinero en premios, a veces hasta el salario de diez años”, afirma el biólogo acústico Benjamin Mirin, fundador del Creative Conservation Lab de la Universidad de Cornell. Los participantes también pueden ganar trofeos exclusivos, cabras, motocicletas e incluso automóviles.
Mirin, que lleva estudiando el comercio de aves cantoras desde 2018, afirma que estos eventos pueden cambiarle la vida a una persona. “Son tan populares y lucrativos que están acelerando la caza furtiva de aves hasta el punto de que ahora los bosques se están quedando en silencio”.
Por desgracia, se considera que las aves capturadas en estado silvestre tienen una mejor calidad de canto y un repertorio más amplio que las criadas en cautividad. Como resultado, los concursos “han impulsado la demanda de determinadas especies”, afirma Serene Chng, investigadora sobre el comercio de fauna silvestre en TRAFFIC, una organización sin ánimo de lucro dedicada a reducir el tráfico ilegal y perjudicial de plantas y animales.
Los shamas culiblancos son una de las especies de aves cantoras más populares, muy apreciadas por los coleccionistas indonesios por su extraordinario repertorio de cantos y su capacidad para imitar las melodías de otras aves. El ejemplar que aparece en la imagen, “Baby White”, ha hecho ganar a su propietario múltiples premios en concursos de canto, incluida una moto en abril.
CRÉDITO: SANDY ONG
Un grupo de expertos formado por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza ha identificado 52 especies que son las más afectadas por el comercio en Asia. Entre ellas se encuentran el bulbul de cabeza pajiza (conocido por sus encantadores dúos) y el estornino de Bali (con su plumaje blanco inmaculado y su anillo ocular de color azul eléctrico). Aunque la legislación indonesia prohíbe la captura y el comercio de más de 500 especies de aves, muchas de ellas cantoras, la aplicación de la ley es deficiente debido a la escasez de recursos, la corrupción y otros factores. En consecuencia, varias especies, entre ellas el estornino moteado de Java, se encuentran ahora extintas a nivel local.
Es difícil predecir qué sucederá con los ecosistemas si las especies de aves cantoras se extinguen en masa en Indonesia. Las aves desempeñan funciones ecológicas importantes: polinizan las plantas, dispersan las semillas y contribuyen al control de los insectos. La isla de Guam, en el Pacífico, ofrece un ejemplo aleccionador: perdió casi todas sus aves cantoras después de que la serpiente arbórea marrón, que se alimentaba de las aves y sus huevos, fuera introducida accidentalmente tras la Segunda Guerra Mundial. Los bosques de Guam se transformaron en lo que Lees ha descrito como “un estado alternativo de pesadilla, un ecosistema dominado por las arañas”. Fue, según él, “bastante catastrófico”.
Indonesia es mucho más grande y está mucho menos aislada, por lo que “las condiciones de partida no son tan malas”, afirma Lees. “Pero si no recuperamos algunas de esas poblaciones, cabe esperar que se produzcan efectos en cadena similares”.
Un santuario
Los organismos gubernamentales han tenido cierto éxito a la hora de localizar aves silvestres capturadas, pero se muestran reacios a confiscarlas porque carecen de un lugar donde alojarlas. Este dilema que se da en la provincia de Kalimantan Occidental —un punto caliente para el comercio ilegal de aves—, llevó a la creación del santuario de Wak Gatak por parte de la organización sin ánimo de lucro Planet Indonesia.
Uno de sus objetivos principales es proporcionar instalaciones adecuadas para fomentar que las autoridades, junto con la agencia indonesia de recursos naturales y conservación, BKSDA, realicen confiscaciones y rescates con mayor frecuencia, al tiempo que se garantiza el bienestar de las aves cantoras confiscadas, afirma Abrar Ahmad, asesor técnico para la conservación terrestre en Wak Gatak.
El centro, situado en una frondosa parcela cerca de la ciudad de Pontianak, es un mundo aparte de las condiciones oscuras y agobiantes que soportan las aves cuando son transportadas de contrabando en un camión o un barco. Una mañana de abril, los visitantes se desvían de una carretera poco transitada y, tras pasar las verjas, recorren un breve camino embarrialado. Las libélulas revolotean perezosamente entre el pasto alto y, a lo lejos, se mecen unas palmeras con cocos, plantas de banano y árboles de durian. Las instalaciones son modestas: un pequeño bloque de oficinas con aviarios llenos de luz.
Los animales suelen llegar a Wak Gatak en un estado alarmante: desnutridos, con plumas perdidas, muchos parecen fatigados o retraídos, explica Happy Ferdiansyah, veterinario jefe de Wak Gatak. Algunas aves tienen heridas en la parte superior del pico por roer los barrotes de las jaulas, mientras que otras —especialmente las más territoriales— sufren fracturas en las patas por pelearse con otras aves en espacios reducidos.
“Muchas de ellas, entre el 70 % y el 80 %, mueren en las dos primeras semanas. Su estado es muy delicado”, afirma Ferdiansyah.

El veterinario Happy Ferdiansyah examina un pájaro en el Centro de Rescate y Rehabilitación de Aves Cantoras Wak Gatak, en Pontianak, Kalimantan Occidental (arriba). Las aves rescatadas pasan un tiempo en jaulas de rehabilitación (abajo) tras superar un periodo de cuarentena; finalmente, las aves aptas para la vida en libertad serán liberadas de nuevo en el bosque.
CRÉDITOS: © YAYASAN PLANET INDONESIA/RONI BIA SANTO (ARRIBA), SANDY ONG (ABAJO)
Para evitar causarles más estrés a las aves, su equipo solo realiza una inspección visual de las recién llegadas. Las que están claramente enfermas se trasladan a la clínica del centro para recibir tratamiento. El resto se traslada a jaulas de cuarentena.
Las aves reciben vitaminas y alimento (una variedad de frutas, insectos, jarabe de azúcar, etc.), además de disponer de más espacio: normalmente, una o dos aves comparten una jaula del tamaño de un horno. Permanecen en cuarentena durante al menos 14 días, un periodo crítico en el que suelen manifestarse enfermedades como la gripe aviar y la enfermedad de Newcastle, explica el director de conservación, Haq. Para detectar estas y otras afecciones, Ferdiansyah y sus compañeros veterinarios analizan muestras de sangre y heces, además de realizar pruebas rápidas de antígenos.
Una vez que se ha confirmado que gozan de buena salud, las aves se trasladan a aviarios de rehabilitación situados en el lado opuesto de las instalaciones. Estos recintos son mucho más lujosos: del tamaño de un cuarto de baño, salpicados de plantas verdes y con amplias vistas de los alrededores y del cielo.
Aquí, la estimulación es clave, al igual que conseguir que las aves se sientan cómodas volando de nuevo. “Los aviarios cuentan con diferentes posaderos y plantas para que las aves puedan saltar de uno a otro o esconderse entre los arbustos”, explica Ferdiansyah. “También enriquecemos su alimentación, por ejemplo, dándoles insectos vivos o colocando la comida en distintos lugares”.
Solo algunas aves son aptas para su liberación. Las que parecen acostumbradas a las personas no son buenas candidatas; podrían seguir acercándose a los humanos y enseñar llamadas no naturales a las aves silvestres, o simplemente no lograr comunicarse con ellas. El centro, por ejemplo, alberga actualmente cuatro ejemplares de minás de Himalaya, una especie local en peligro de extinción y protegida —estorninos de color negro brillante con picos anchos de color naranja, famosos por su inteligencia y su capacidad de imitación—. Cuando lo visité, las aves silbaban alegremente, se reían y pronunciaban el saludo islámico tradicional “As-salamu alaykum”, entre fragmentos de charla en indonesio. Estas minás llevan en Wak Gatak casi un año y permanecerán allí probablemente por el resto de sus vidas.
Los minás de Himalaya—estorninos de color negro brillante famosos por su inteligencia y su capacidad de imitación— son una de las especies amenazadas por la crisis de las aves cantoras asiáticas en Indonesia. Este ejemplar, que gorjea y canta en Wak Gatak, está siendo rehabilitado.
CRÉDITO: SANDY ONG
Sin embargo, para las aves aptas para su liberación, el centro colabora con la BKSDA para identificar posibles sitios. Lo ideal sería que se tratara de terrenos forestales en buen estado, con abundante comida y agua, mínima actividad humana y pocos depredadores naturales, como civetas y serpientes, explica Ferdiansyah. Una comunidad local que apoye la conservación es una ventaja: aumenta los resultados positivos, como la supervivencia y la reproducción, en un 10 %, según un estudio de 2023 que analizó 305 proyectos de recuperación de fauna silvestre en 80 países.
Una vez determinado el sitio y obtenidos los permisos, Ferdiansyah y su equipo transportan a las aves —como hicieron a finales de abril, cuando llevaron a 130 aves a una reserva natural situada a siete horas al norte de Pontianak—. En estos emplazamientos, el equipo lleva a cabo lo que se conoce como “liberación suave”, colocando a las aves en una gran jaula improvisada que les permite aclimatarse a su nuevo entorno. Tras un periodo de entre cuatro y diez días, el equipo abre la jaula, permitiendo que las aves alcen vuelo cuando estén preparadas. Los miembros del equipo permanecen en el lugar hasta dos semanas, realizando un seguimiento de las aves para asegurarse de que se están adaptando sin problemas.
Es un trabajo duro y agotador, afirma Ferdiansyah, pero muy gratificante. Hasta la fecha, el centro ha ayudado a 348 pájaros cantores a volver a la naturaleza. La liberación de abril ha sido la mayor realizada hasta ahora e incluyó algunos suimangas siparajas y pájaros verdín de Sonreat, esta última especie en peligro de extinción. En diciembre se incautaron otras 705 aves en un barco del puerto local de Pontianak. En cuestión de horas, la mayoría de las aves habían muerto. Sin embargo, 36 siguen recuperándose en Wak Gatak y 22 han sido rehabilitadas y liberadas.
Casi 3.000 aves de 45 especies han pasado por las puertas del centro desde su apertura en 2022. Es una prueba de que un centro de rehabilitación de este tipo —el único en Indonesia en un futuro previsible— puede marcar la diferencia.
Pero, teniendo en cuenta la cantidad de aves cantoras que se encuentran en peligro, su labor es una gota en el océano.
Para frenar la crisis, los expertos afirman que hay que combatirla en múltiples frentes, pero sobre todo en su raíz: la demanda. Requiere “reflexionar sobre cómo podemos cambiar las actitudes y los comportamientos para reducir la presión sobre las poblaciones silvestres”, afirma Lees, quien analiza estas medidas en un estudio sobre el estado de las aves del mundo publicado en el Annual Review of Environment and Resources de 2022. En 2023, el equipo de Wak Gatak llevó a cabo una campaña en algunas vallas publicitarias de la ciudad para disuadir a la gente de participar en concursos de pájaros cantores. Y en los próximos meses, organizarán una serie de talleres para el cambio de comportamiento en dos localidades cercanas a bosques donde es habitual la caza furtiva de aves y donde los concursos están aumentando en número.
Cambiar esta tendencia no será fácil. Los grupos de aficionados a los pájaros cantores de Indonesia son muy influyentes: en 2018 lograron que se retiraran cinco especies de la lista nacional de aves protegidas. Además, los propios funcionarios gubernamentales suelen participar en los concursos. En 2018, por ejemplo, el entonces presidente Joko Widodo presidió la Copa del Presidente, uno de los concursos de pájaros cantores más prestigiosos de Indonesia, llegando incluso a presentar a su propio shama culiblanco.
Sin embargo, el cambio es posible: el propio Ferdiansyah tenía cuatro pájaros cantores de niño porque “cantaban muy bien” y pensaba que podía hacerlos ser felices. Pero cuando entró en la facultad de veterinaria, se dio cuenta de su error y liberó a las aves.
Artículo traducido por Debbie Ponchner
10.1146/knowable-072026-1
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