Los bichos que se alimentan de carne y desechos también consumen el ADN del animal. Ese material genético está ayudando a los científicos a detectar y cartografiar especies esquivas y sus patógenos.
A medida que suben las temperaturas, algunas criaturas se pelean mientras que otras tienen dificultades para aprender. Las consecuencias de estos cambios de comportamiento pueden extenderse por los ecosistemas.
Redes equipadas con botellas de agua y otras ideas ingeniosas pueden ayudar a salvar algunas especies, al tiempo que permiten a los pescadores seguir capturando otras.
Algunas criaturas pueden alterar drásticamente su temperatura interna —una estrategia denominada heterotermia— y sobrevivir a tormentas, inundaciones y depredadores.
Desde recoger mocos de ballena hasta capturar comportamientos sorprendentes, los drones aéreos están proporcionando a los científicos una nueva visión de la vida en el mar.
Una nueva técnica para detectar sustancias químicas desconocidas e inesperadas está revelando docenas de contaminantes en caimanes, leones marinos y cóndores.
En osos polares, delfines, babuinos y otras especies, las señales moleculares del envejecimiento están cambiando la forma en que los conservacionistas evalúan la salud, la resiliencia y el riesgo de las poblaciones.
Los tetras mexicanos que fueron arrastrados a cavernas completamente oscuras no tenían ningún uso para esos órganos que consumían tanta energía. Perdieron sus ojos de múltiples maneras —pero también ganaron algunas características interesantes—.
Los abundantes restos de foraminíferos revelan cómo respondieron los organismos a las perturbaciones climáticas del pasado. También pueden ayudar a predecir el futuro.
Grullas, playeros aliblancos, patos, gansos y muchas otras aves acuáticas han perdido puntos de descanso esenciales en sus rutas migratorias estacionales. La agricultura respetuosa con las aves puede ayudar a llenar esos vacíos.
En las comunidades rurales de Alaska y Canadá, reducir los conflictos entre las personas y sus vecinos salvajes significa que ambas especies deben cambiar su comportamiento.
Estas espinosas o viscosas criaturas oceánicas muestran una asombrosa diversidad de apariencias, comportamientos y estilos de vida. Muchas están cada vez más amenazadas.
Al mismo tiempo que los árboles asfixiados por el agua salada mueren a lo largo de las costas bajas, las marismas pueden desplazarse, para bien o para mal, según están aprendiendo los científicos.
Las micorrizas que viven entre y dentro de las raíces de las plantas pueden mejorar la salud de determinadas especies e incluso de ecosistemas enteros, pero los científicos advierten del peligro de adoptar un enfoque generalista.