Investigadores están probando la terapia con células CAR-T como una forma de restablecer el sistema inmunitario en el lupus, la enfermedad de Graves y otras afecciones en las que las defensas del organismo se descontrolan.
Cada vez hay más pruebas, procedentes de estudios con roedores, de que el esperma lleva marcas de las experiencias vitales del padre, lo que influye en los rasgos de la descendencia. Fragmentos de ARN podrían ser los responsables de estos efectos epigenéticos.
Los ARN no codificantes, que antes se consideraban “basura celular”, están emergiendo como elementos clave en todo, desde el desarrollo del cerebro hasta el cáncer —y aún queda mucho por descubrir—.
El impulso por alejarse de los productos derivados del petróleo —además de la percepción de que lo natural es mejor— ha llevado a los científicos a investigar nuevos ingredientes, desde extractos de madera y hongos hasta proteínas modificadas genéticamente.
En Argentina, la clonación equina en el polo dejó de ser una rareza para convertirse en una industria madura, aunque los dilemas éticos que la rodean aún persisten.
Mejores resultados podrían obtenerse con nuevos fármacos, estrategias para estimular el sistema inmunitario y aprendiendo a identificar la enfermedad en una fase más temprana.
La evidencia aún no es clara, pero investigadores están descubriendo muchas cosas al modificar genéticamente el número de estas aberturas, así como al simular atmósferas futuras y mucho más.
En un año marcado por el caos en el financiamiento de la ciencia, el cambio climático y los peligros de la contaminación, también fuimos testigos del telescopio más potente hasta la fecha, la terapia génica personalizada y el mejor avance hasta la fecha en la búsqueda de una vacuna contra el VIH —sin dejar de lado un nuevo color—.
Las personas infectadas por el VIH deben tomar medicamentos antirretrovirales de por vida. Sin embargo, prometedores ensayos con anticuerpos modificados genéticamente sugieren que las “curas funcionales” podrían estar a nuestro alcance.
Arabidopsis thaliana nunca fue una candidata probable para ser el centro de atención. Pero hace 25 años, la diminuta planta lanzó al mundo botánico a la era molecular.
Los científicos están aprendiendo más sobre esta complicación frecuente del parto. Los tratamientos están mejorando y los médicos pueden realizar pruebas para detectar marcadores biológicos que indican un mayor riesgo.
En osos polares, delfines, babuinos y otras especies, las señales moleculares del envejecimiento están cambiando la forma en que los conservacionistas evalúan la salud, la resiliencia y el riesgo de las poblaciones.
Las técnicas avanzadas de microscopía óptica han alcanzado su madurez; y están proporcionando a los científicos una nueva comprensión de la biología humana y de lo que falla cuando enfermamos.
La infusión de estas diminutas estructuras con forma de salchicha ayuda a rejuvenecer los tejidos privados de sangre. Los investigadores esperan que esta técnica pueda tratar diversos órganos dañados.
¿Pueden los animales modificados genéticamente ayudar a solucionar la escasez de órganos para trasplantes? Luego de años de investigación sobre los xenotrasplantes, el campo se encuentra en un punto de inflexión —pero aún existen riesgos y dilemas éticos—.
Su cuerpo es una colección de células con miles de errores genéticos acumulados a lo largo de la vida —muchos inofensivos, otros dañinos y al menos unos pocos que pueden ser beneficiosos—.
Pista: hay que encontrar las proteínas adecuadas. Con nuevos ingredientes y procesos, la próxima generación de sustitutos no solo será más parecida al huevo, sino potencialmente más nutritiva.
Una clase de fármacos ya ha tenido éxito en el tratamiento de estos dolorosos, desorientadores y comunes ataques. Crece el entusiasmo por una serie de nuevas dianas farmacológicas.
Algunas personas de ascendencia africana occidental corren un mayor riesgo de insuficiencia renal. Nuevos fármacos basados en la investigación genética podrían ayudar a enderezar el rumbo, si estos llegan a todos los que los necesitan.
En experimentos prometedores, la terapia con fagos obliga a las bacterias a enfrentarse a un dilema sin salida que reduce sus defensas frente a fármacos a los que han desarrollado resistencia.
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